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Como esta tarde para siempre - Una reseña de libros en cuarentena.



Jaime Manrique, es el escritor de esta novela que llegó a mis manos gracias a mi papá y debo decir, que me interesó mucho desde la portada, el nombre y los comentarios que encontré sobre el libro. No conocía la literatura de Manrique, y fue muy gratificante conocer la calidad literaria de este autor que se desempeña como escritor y docente en la ciudad de Nueva York, que viaja de manera espontánea a Colombia, en especial para el lanzamiento de sus obras; y es de gran orgullo saber que tenemos este nivel de novelista con nuestra nacionalidad.


Y a decir verdad, me generó mayor interés cuando en una entrevista en youtube, Manrique decía estas palabras:


“Mi compañero de vida murió en octubre del 2010, y leí esta noticia un par de meses después. Todo comenzó por ahí, pensando cómo había sido mi relación con él, porque cuando murió la verdad es que yo dejé de escribir por casi tres años. Él siempre leía todo lo que yo escribía: 50 veces escribía la página, 50 veces quería leerla, entonces no sabía escribir sin la presencia de él, ya no podía escribir una frase porque decía: ¿dónde está él para mostrarsela? Esta [la novela] fue una forma de recuperar el lenguaje para mí, una forma de volver a escribir “.



Nos encontramos con una novela de ficción, basada en hechos reales sucedidos en el país, que de hecho se narra la realidad social, política y económica de algunas zonas de Colombia. Una historia de dos sacerdotes, narrada desde la niñez de Lucas y luego su encuentro con Ignacio en el seminario, siendo ya jóvenes.


Lucas, un niño del campo, con una familia donde lo heteronormativo y la misoginia se ven marcadas en un padre abusador, una madre atemorizada y unas hermanas mayores que ayudaban en casa de manera abnegada; momentos muy fuertes que se narran en las primeras hojas como el hecho de reconocer la violencia familiar, un esposo maltratador y un niño curioso, que siente interés en el cuerpo de su padre, recibiendo un golpe por un “acto inmoral”, al querer ayudar a su papá en la ducha, mientras le ayuda a poner jabón en su pene y con un manotazo lo tira al piso, recriminando eso. Luego en varias ocasiones, una persecución por ver a Lucas ayudando a su madre en cosas de la casa, y le deja claro a su esposa que son cosas de “maricones”. Finalmente su madre por algunas razones se desaparece, Lucas sufre un accidente, casi que pierde su brazo y está por varios días sin mucha esperanza en el hospital, cuidado por una monja que lo anima a orar a San Martín de Porres, donde empieza a creer su fe, genuina realmente, y acercándose a Dios. Solo una cirugía podría ayudarle a recuperar su brazo, y sin esperarlo, su madre llegó en un auto para llevárselo con él a Bogotá, donde ella estaba trabajando y recuperando su vida; fue allí donde Lucas siendo un joven, empezó a estudiar y a interesarse en los hombres, mientras observaba por la ventana a un vecino con quien tuvo algunos roces y exploró su sexualidad en encuentros homoeróticos.


Así, en el pasar de su juventud llega a un colegio para iniciar su seminario donde se prepararía para ser sacerdote. Allí conoce a Ignacio, proviene también de una familia campesina e indígena, que soñaba que su hijo se ordenara en el sacerdocio. Su amistad transcurre en los pasillos del colegio, con miradas que sospecha de una amistad de dos hombres tan cercana, pero con una atracción de Lucas hacia él, por la forma en que confrontaba la “realidad” católica y aún así, sobresalía por ser el más inteligente. Después fue trasladado a Putumayo, Ignacio, donde terminó su seminario y el último año llegó allí por traslado Lucas, donde finalmente se pueden confesar su atracción y empezar una relación en un grupo de sacerdotes que no desaprueban la homosexualidad; de hecho, se describen noches donde el ruido de las camas en una habitación compartida por varios, y los gemidos ahogados de los amantes, les delataban.


“No podemos hablar con la gente acerca de sus almas y olvidar que viven dentro de sus cuerpos”


Una novela que aborda un país real



Contar la violencia que vive Ignacio, con su familia que fue desplazada violentamente por ser indígena. Luego la descripción de un paisaje sonoro del Putumayo con el que se acostumbró a vivir, bombardeos, disparos y personas uniformadas que aprendió a identificar para saber quienes eran de la milicia nacional y quienes de grupos armados al margen de la ley; pero ellos, intocables y a quienes se les perdonaba allí en ese rincón del país, por llevar la sotana. Hambruna, desplazamiento, matanzas y un sin fin de problemas que se describen; luego ya ordenados en dos comunidades diferentes, pero viviendo muy cerca para mantener su relación que en una llamada en la noche y en la mañana cada día, les permitía sentirse cerca, y una visita a la semana para quedarse a dormir el uno con el otro.


A pesar de los problemas de pobreza extrema en Soacha, de bandas criminales que cobraban a los comerciantes las vacunas, que vivió Ignacio, quien tenía una gran pasión por las obras sociales, que aún cuando no creía en Dios, en el seminario un sacerdote le dijo que quizá su misión era ayudar a otros a través de la creencia que ellos podían tener en Dios, y así fue que sostuvo su ministerio.


Es un retrato vivo, la manera en que se cuenta el dolor de las madres y personas que empezaron a perder a sus parientes, se desaparecían un día y luego aparecían muertos en medios nacionales, identificados como guerrilleros; si, en la cara del padre Ignacio explotaron los falsos positivos. La frustración por sentirse obligado a callar, porque no encuentra apoyo de su pareja, ni de los directivos de la iglesia, porque sencillamente ¿quién va a pelear con las fuerzas armadas?. Leer el dolor, allí plasmado, el de una esposa que perdió a su esposo para que otros justificaran que estaban ganando una “guerra”.




Una historia de amor con un final, porque todo acaba



Una relación que se desgasta, con una persona que desea recuperar todo, la lealtad y la compañía constante. El amor real, ese que va más allá del sexo y ese apego a una pareja por creer que es lo único en lo que se puede creer en este plano terrenal para seguir existiendo.


Dos almas, diferentes, una impulsiva e incrédula, otra con mucha fe y tranquila; dos formas diferentes de amar, pero amor al fin y al cabo. Los años pasaban, los cuerpos envejecen, los intereses de realización personal tan ajenos entre ellos, y ese afán de querer cuidar a aquel que solo busca placeres, o momentos para ahogar la miseria en la que se ha sumergido, queriendo ser el héroe.





El VIH, las amenazas, la oscuridad que apagaba las luces de la esperanza en los cuerpos, en los ojos del otro. La infidelidad, y finalmente la exigüidad de aquello que hizo vibrar como tocando otros planos, de una vida desventurada que deja rastros que cobran la vida. Un suspiro, un descanso en encontrarse de nuevo en el ser amado, en aquel que espero con paciencia y que finalmente, espera de nuevo decir “como esta tarde para siempre”, para recordar lo bello, aún cuando la sentencia fue propia. Un suicidio asistido, un pago de más de cinco millones a un sicario, para encontrar finalmente en un auto el cuerpo de dos sacerdotes que asesinaron. Que la historia nos cuenta, como uno decide terminar su vida, antes de que los malhechores se la quiten o antes de que el “virus” o “el bicho” lo matara porque ya había dejado su cuerpo sin fuerzas para enfrentar la vida. Y el otro, Lucas, que le pide que le deje irse con él, porque no encontraría sentido en su vida sin su presencia.

Es sin duda un libro escrito de manera dedicada, una historia muy bien contada. De manera personal, muchas emociones explotaron en mi, indignación frente a un país que me duele, la ansiedad de pensar en la persona amada y esas líneas frágiles el amor real, la lealtad y el querer salvarse con el otro. Una novela escrita en inglés, porque el autor dice que la ficción la escribe en este idioma y que los poemas en español. Una obra lograda gracias a la información e investigación del caso real, que hoy muchos se cuestionan; y que corresponden al padre Rafael y Richard, un caso cubierto por los medios nacionales y que Jaime Manrique nos deleita al escribirlo con un lenguaje sencillo, apasionado, profundo. Un colombiano que vive fuera del país, pero una novela que es un grito del oprimido, del que ama y no le permiten hacerlo público porque puede ser visto como "inmoral", del indígena que pide igualdad y oportunidades en la sociedad, de los pueblos en guerra que necesitan ser oídos, pero sus voces las callan las balas. Una novela a mi parecer, política, social y estéticamente bien construída.


¿La recomiendo? Si, la recomiendo, un excelente regalo hecho por parte de mi papá, y un libro preciso para leer en un fin de semana, con un buen café y hasta una cerveza, para pasar el dolor que a veces genera.


Algunos tweets que mencionaron la novela.






Leo Hernández

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