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Construí una casita para alguien más


Escribo con alma de niña porque siento que esa es la forma en la que veo las cosas cuando las hago con amor. Crecí con la idea maravillosa de que todo necesita ser trabajado y cuidado con el corazón, de cerca, a pasitos, no importa si son largos o muy cortitos.

Esa idea me llevó a crear una casita hace algún tiempo. Al inicio fue algo rápida porque contaba con toda la energía y los materiales suficientes, incluso el terreno lo estaba preparando hace años, largos años.


Después de algunos meses su construcción comenzó a ser más lenta, a costar más y me quitó toda la energía con la que en algún instante había comenzado, sin embargo, tomé un corto descanso y volví con mucha fuerza porque sabía que podía continuar con ella. Era mi sueño.


Saqué diferentes fotos y videos del lugar, mi casita estaba quedando tal y como quería, como la soñaba, como la anhelaba. Nadie en el barrio tenía una así, ni siquiera existía alguien que quisiera su casita tanto como yo a la mía. Solo existían casas pequeñas, torcidas, opacas o solas. La mía era distinta, bien pensada, hecha con todo el corazón.

Pasaron los meses y solo quedaba decorar su interior. Decidí pintarla de blanco, llenarla de girasoles, acompañarla con algunas pinturas especiales, decorar solo un espacio para que vivieran gatitos, una agenda visible para todos los pendientes que debía realizar y una cocina con las mejores comidas y por supuesto, mucho helado de vainilla.


Destiné una semana para decorar el cuarto principal y las demás semanas para los baños, la cocina, las salas y los demás cuartitos. Al llegar la tercera semana, noté que el primer lugar que había limpiado, decorado y arreglado, estaba comenzando a destruirse, así que decidí ir de nuevo a él para arreglarlo y me tomó una semana más.

Seguí como tenía destinado mi proceso y cuando volví a mirar, no sólo el cuartito estaba dañado, la sala y la cocina también. Todo estaba roto.

No entendía, cada esfuerzo que hacía era inevitable y no podía sacar más fuerzas. Decidí seguir mi proceso y arreglar día a día cada lugar, así mi energía fuera nula.


Con mi amor y paciencia logré terminarla y hacer de ella un espacio cómodo habitado únicamente por mí, sin embargo, considero que las cosas buenas a veces son algo efímeras.


Al otro día llegó una pequeña carta bajo mi puerta. Decía que los materiales no me pertenecían y debía irme de la casita que con tanto amor había preparado, construido y decorado sola.


No pude hacer nada por ella...

Vivo recorriendo las calles, pasando por su lado, recordando el proceso y el amor que puse en ella. Duele saber que ya no es mía, duele saber que creí que sería para siempre, duele entender por qué esos materiales no puedo conservarlos.


Duele saber, que construí una casita con paciencia, en donde algún día habitará alguien y ese alguien, ya no seré yo.


MARIANA OLARTE GUARQUE

Arte Olarte





Nota: Este texto lo escribí junto a Inevitable de Shakira, si desean, pueden escucharla para tener una mejor experiencia. Gracias por leerme.


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